domingo, 8 de marzo de 2026

Aquel poeta de una obsesiva sequedad


Juan José Domenchina
(Madrid, 1898 - México, 1959)
Escritor, maestro nacional y crítico literario

AQUÍ TIENES LA VIDA

Aquí tienes la vida que me diste.
Te restituyo lo que es tuyo. Quiero
ser de verdad en tu verdad. Espero.
ver, ya sin ojos, para qué me hiciste.

Si entré en el mundo, porque me metiste
en su vacío de motivo cero,
quiero zafarme en él, y persevero
en la fe sin medir que me pediste.

Y viví a medias. Tuve el alma triste
cuando se me salió de tu venero.
Siempre soñé llegar a lo que existe

tras la evidencia. Quiero —ya no inquiero—
lo que esperé, Señor, y tú me diste:
empezar a vivir, cuando me muero.

VÁNDALO AUGUSTO

Al fin, yo soy lo que mi ser abstracto,
de espectro múltiple y veraz, proyecta.
Concéntrico el fervor, la vida recta,
nada me mueve sino el dulce pacto.

Divina forma y aprehensión del acto
que encarna el verbo: furia de mi secta.
La vida inmune, virgen, está infecta.
El alma viva de mi carne es tacto.

Ascético rencor, turbios regímenes,
mística farsa de la pura frente:
sean de amor y de verdad mis crímenes.

No estanque, sino cima de torrente.
Vándalo augusto de floridos hímenes.
Doma de eternidad es el presente.

EL EXTRAÑADO

La vida -que se nos va-
y la muerte -que nos llega-
van a encontrarse. (El que juega,
gana o pierde.) Dios dirá.

Lo que yo soy aquí está.
Tengo expedita la entrega.
A la muerte, ¿quién se niega?
La vida, ¿quién nos la da?

Súbitamente mi ciega
condición, humana ya,
ve: ve el filo que la siega.

¡Dios sabe si llegará
a ser cielo claro! (Ruega
por quien de camino va.)

ESTAR, LO SABES Y LO SÉ...

"No penséis que he venido a poner paz en la tierra.
No vine a poner paz, sino espada" (Mateo, 10, 34) 

Estar, —lo sabes y lo sé— tranquilo
del todo es poder verse en un espejo
claro. Y no, no me dejan —ni me dejo—
ser vida sosegada. Voy al hilo

de la serenidad, siempre intranquilo
en busca de mi paz por un complejo
mundo de sobresaltos, y no cejo
en mi vivir o transcurrir en vilo.

Reflejo de tu espada soy. Mi estilo
lo blando con destreza, aunque soy viejo,
y tiene punta, filo y contrafilo.

Señor, si así me hiciste, no me quejo.
Mas déjame que vea tu tranquilo
mirar cuando me mire en el espejo.

(Poemas escritos por Juan José Domenchina)


El matrimonio formado por Ernestina de Champourcin y Juan José Domenchina paseando por los jardines del Parque del Retiro de Madrid a finales de los años 30

jueves, 5 de febrero de 2026

De un poeta silencioso y esquivo


Adolfo Castaño Bautista
(Madrid, 1928 - 2014)
Poeta, historiador y crítico de arte y literatura

LA BARCA DE LOS LOCOS

¿Quién se atreve a cantar todavía?
—Los locos. Son los locos que han
cogido una barca y navegan por el
canal, ajenos a todo lo que su locura
no les diga. En la barca están apiñados,
con el farol a punto, por si pasan bajo
los puentes. Buscan aguja e hilo. Se besan
y su carne vuela como una golondrina.
Y les quedan sólo los dientes bajo
los dientes, una oscuridad vacía
bajo las pupilas. Y su deseo cae
con un estrépito seco de huesos
esparcidos. Pero ellos siguen
pulsando el laúd. Diciendo atroces
melopeas. Trasegando el vino robado
a gollete limpio, sin copa: maman
directamente de la matriz del vino.
El porvenir no llega a babor o estribor,
a proa o popa de su barca. Hasta las
ratas huyen de su lado. Y la historia
se acaba en este año de peste de 1968.
Porque su nave se hunde, se hundió,
se ha hundido mientras ellos, los locos,
seguían en su juego indiferentes.

(Poema escrito por Adolfo Castaño)


Fundó con Alejandro Gago la revista "El Gato Verde"

martes, 6 de enero de 2026

Érase un médico que escribía poemas


Vicente Boada González
(Ingenio, Gran Canaria, 1898 - Las Palmas de Gran Canaria, 1991)
Médico, maestro y poeta

AVANZANDO ENTRE LA SANGRE

Pobre muchachita enferma,
cuánto has sufrido esta tarde.
Y qué pena sentí cuando
la ternura de tu carne
hundió, firme, el bisturí
avanzando entre la sangre.

Tan hondamente sentaba el mal
que dentro roía,
que para quitártelo fue
preciso cortar.

Tenías
la frente llena de estrellas
pequeñitas que caían
sobre mi mano insensible,
y mi corazón bebía
con un afán insaciado
en cada gota caída
todo el dolor de la hora
reventando de caricias.

Y aún dolor te quedaba
para apagar la sonrisa
que entre el temblor de tus labios
apenas sí florecía.

Qué pena me daba verte
sin más consuelo ni amigo
que mi corazón sufriendo
tras el semblante tranquilo.

(Poema escrito por Vicente Boada)


Plaza de la Candelaria en el municipio de Ingenio
(Gran Canaria)