(Leopoldo Urrutia de Luis)
(Córdoba, 1918 - Madrid, 2005)
Escritor y crítico literario
EL ESPEJO
Con los ojos vendados nos miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes
nuestras que no veremos.
Desfilamos, retratos fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas espejeantes
como narcisos ciegos.
Debo de ser la sombra, los perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño.
Qué culto extraño ante el cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para
sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,
mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,
idolatrización de reverbero.
Sólo somos figuras proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.
ME ESPERA
Aquí, en la habitación, sobre la cama,
me está esperando un muerto que aún respira.
Mirar, como mirar, ya no me mira.
Mirar, como llamar, sí que me llama.
La luz apenas roza su figura
como un pájaro breve que si vuela
es sólo porque pone aire en la tela
que le cubre de frío y de blancura.
Me está esperando y sabe que es seguro.
La luz manda su sombra contra el muro
y hay en la habitación un vaho yerto.
Sabe que llegaré tarde o temprano.
Creo que me señala con su mano.
Me está esperando aquí en el cuarto un muerto.
UNA MUJER EN LA ESCALERA
Escalón a escalón, una cansada
mujer asciende como si del centro
de la tierra subiera. De allá adentro
honda sombra retiene la mirada.
Implacable le impone la escalera
su destino de tramos sucesivos.
Muertos ahora parecen los que vivos
deseos fueron de la primavera.
Al mirarla subir tan abatida,
me pareció la imagen de la vida
resignada haciéndose la fuerte.
Mas, sin embargo, esta mujer está subiendo
la escalera infinita, ahora comprendo
que es la imagen segura de la muerte.
LA MUERTE
"Yo no puedo vivir mi muerte"
Ludwig Wittgenstein
Nadie puede vivir su propia muerte.
No es la muerte un afán ni una experiencia.
Morir no es más que un vaso que se vierte,
un motor que ha perdido su eficiencia.
Sé que llevo en los brazos a la nada
y de mirarla a ella me parezco.
Un poco se refleja en mi mirada,
día tras día algo de mí le ofrezco.
Pero vivir la muerte... ¿no sería
igual que ver la jarra ya vacía
o descubierto el hilo de la trama?
¿Cómo voy a vivir mi muerte? ¿Cuándo?
(Cruza el invierno un pájaro cantando
y no se posa porque ya no hay rama).
(Poemas escritos por Leopoldo de Luis)
de Poesía en 1979 y el Premio Nacional de las Letras en el año 2003



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