jueves, 26 de marzo de 2026

Nació con la poesía entre los dientes


Lorenzo Pedrero Rodríguez
(Zamora, Castilla y León, 1943 - 2024)
Poeta finalista del Adonais
(En la foto a la derecha recogiendo una medalla conmemorativa del aniversario de los ayuntamientos democráticos como el de Zamora donde fue concejal)

LA FELICIDAD

Es la felicidad una alimaña
de relucientes ojos que se esconde,
nadie sabe su cueva y corre y corre,
se nos va de las manos y nos deja
dentro del pecho un rastro luminoso,
aquí y allí destella, brinca, vuelve
a desaparecer, torna a otra mata.

Alguien nos dice: "Está
debajo de esas piedras", y cavamos
entre los pliegues de un vestido azul
y vamos con muchachas por la oscuridad.

Del mar, de entre las olas, traen noticias…
Por encontrar la dicha
el hombre va a los bares,
mira a los astros con temblor y pone
el oído en la puerta por si pasa.


Cúpula de la catedral de Zamora

Mas es escurridiza
y parlanchina la felicidad,
y a los hombres les da
la hora del trabajo
buscando en tuberías,
revolviendo anaqueles;
en tabernas les da la madrugada,
les da la muerte y los encuentra en sótanos
cansados de indagar, de hurgar.
de escarbar entre nubes y ángeles,
de levantar cascotes y estudiar
arqueología. Un poco escépticos
se tienden sobre el suelo y mueren.

Fuera, aún escucharán los mismos vientos,
los mismos pájaros que anuncian vida,
los árboles que crecen puntuales
en idénticos meses verdecidos.
y él sólo de pensarlo
se pudre más aprisa
o en un supremo esfuerzo
quiere brotar de nuevo,
porque allá afuera, otros como él,
hombres de sueños y de carne,
otros también, como él, esperanzados,
aseguran haber visto pasar
a la felicidad y por sus huellas.
relucientes… a pocos metros.

(Poema escrito por Lorenzo Pedrero)


Vista panorámica de Zamora con el Puente de Piedra sobre el río Duero en primer plano y la torre y cúpula de la catedral dedicada al Salvador Jesús de Nazaret

domingo, 8 de marzo de 2026

Aquel poeta de una obsesiva sequedad


Juan José Domenchina
(Madrid, 1898 - México, 1959)
Escritor, maestro nacional y crítico literario

AQUÍ TIENES LA VIDA

Aquí tienes la vida que me diste.
Te restituyo lo que es tuyo. Quiero
ser de verdad en tu verdad. Espero.
ver, ya sin ojos, para qué me hiciste.

Si entré en el mundo, porque me metiste
en su vacío de motivo cero,
quiero zafarme en él, y persevero
en la fe sin medir que me pediste.

Y viví a medias. Tuve el alma triste
cuando se me salió de tu venero.
Siempre soñé llegar a lo que existe

tras la evidencia. Quiero —ya no inquiero—
lo que esperé, Señor, y tú me diste:
empezar a vivir, cuando me muero.

VÁNDALO AUGUSTO

Al fin, yo soy lo que mi ser abstracto,
de espectro múltiple y veraz, proyecta.
Concéntrico el fervor, la vida recta,
nada me mueve sino el dulce pacto.

Divina forma y aprehensión del acto
que encarna el verbo: furia de mi secta.
La vida inmune, virgen, está infecta.
El alma viva de mi carne es tacto.

Ascético rencor, turbios regímenes,
mística farsa de la pura frente:
sean de amor y de verdad mis crímenes.

No estanque, sino cima de torrente.
Vándalo augusto de floridos hímenes.
Doma de eternidad es el presente.

EL EXTRAÑADO

La vida -que se nos va-
y la muerte -que nos llega-
van a encontrarse. (El que juega,
gana o pierde.) Dios dirá.

Lo que yo soy aquí está.
Tengo expedita la entrega.
A la muerte, ¿quién se niega?
La vida, ¿quién nos la da?

Súbitamente mi ciega
condición, humana ya,
ve: ve el filo que la siega.

¡Dios sabe si llegará
a ser cielo claro! (Ruega
por quien de camino va.)

ESTAR, LO SABES Y LO SÉ...

"No penséis que he venido a poner paz en la tierra.
No vine a poner paz, sino espada" (Mateo, 10, 34) 

Estar, —lo sabes y lo sé— tranquilo
del todo es poder verse en un espejo
claro. Y no, no me dejan —ni me dejo—
ser vida sosegada. Voy al hilo

de la serenidad, siempre intranquilo
en busca de mi paz por un complejo
mundo de sobresaltos, y no cejo
en mi vivir o transcurrir en vilo.

Reflejo de tu espada soy. Mi estilo
lo blando con destreza, aunque soy viejo,
y tiene punta, filo y contrafilo.

Señor, si así me hiciste, no me quejo.
Mas déjame que vea tu tranquilo
mirar cuando me mire en el espejo.

(Poemas escritos por Juan José Domenchina)


El matrimonio formado por Ernestina de Champourcin y Juan José Domenchina paseando por los jardines del Parque del Retiro de Madrid a finales de los años 30